domingo, noviembre 5

"el lugar"

Hola, soy poncho, saludos a todos y haber que les parece el texto.
Este era un lugar lleno de gente. La gente era de todas las razas que el humano ha inventado, practicaba todos los ritos que la humanidad había necesitado y hasta hablaban todos los idiomas en que un humano se ha expresado. Las personas que estaban ahí, eran –como se suele decir- gente común y corriente: respiraban, olían comían y hasta sentían. Algunos de ellos se amaban, otros pocos se odiaban, pero la mayoría, para desgracia de las utopías, se ignoraban. Lo hacían con destreza y euritmia, como si llevasen toda una vida practicándolo, si no es porque en sus caras no había goce o deleite, podría asegurarles que lo disfrutaban. Es extraño, pero se me viene a la mente que ignorar podría convertirse en un arte con el paso del tiempo, y si las cosas siguen así, hasta habrá una ciencia que lo estudie. Y vaya que habrá muchas cosas que estudiar, porque la dedicación ya mencionada con la que la gente ignora a otro, me hace pensar en lo absurdo que resulta el término para este tipo de acciones. Al parecer, se escoge con absoluta delicadeza la persona sobre la que pondremos toda nuestra atención, y aparentaremos no captar su presencia. Llegados hasta ese punto, me doy cuenta que en realidad no se ignora a una persona, sino se ignora a todas las demás con las que no nos concentramos, además que el terminó no es correcto, a comparación de decir “aparentar que ignoramos”. Pero mejor le dejare estos problemas a la futura ciencia, que por cierto yo vaticine que existiría antes que cualquier esoterista aprovechado, y regresando al sitio aquel, donde la gente seguía ignorando al de enfrente, al de alado y cualquier otro que siguiera respirando. El tiempo pasaba y como es de esperarse, la gente se comenzó a impacientar por algo de lo que nadie estaba seguro qué era. El CO2 era cada vez más molesto en el cuerpo de las personas, que involuntariamente, pedían oxigeno de distintas maneras: algunos bostezaban, otros guiñaban los ojos y hasta hubo quienes sonrieron, todo esto siendo cuidadosos de no dejar de ignorar a alguien a la vez. Cuando el tiempo de esperar, supero las expectativas y paciencia de los humanos que ahí estaban y habían decidido no moverse de sus lugares por ningún motivo, la desesperación se apoderó de la gente que comenzó a alucinar que “el lugar” se hacía cada vez más chico y el espacio vital se limitaba con las personas que te rodeaban. Ignorar, obviamente se hacía más difícil cuando el cabello de quien estaba enfrente se confundía con tus pestañas. La gente sensata, decidió no ignorar a la gente de su alrededor, y sabiamente comenzaron a ignorar a aquellos que recordaban haber visto cuando el lugar era lo suficientemente grande para ver a más de las 9 personas que ahora rozaban tu cuerpo. Esto incremento la dificultad de ignorar, porque ahora no podías ver a quien ignorabas y tenías que hacer un esfuerzo mental por imaginar sus muecas cuando tú girabas la cabeza para no verlo. Este ejercicio mental desgastó a la gente, que comenzó a desmayarse sobre la humanidad de los otros. El desmayarse o no, dependió de cánones totalmente aleatorios, pero al final, todos los hombres y mujeres que se habían dado cita en el lugar, ejercían fuerza con su peso sobre el otro, mientras que el otro, hacía lo mismo. Así es como se pudieron sostener más de un año de plutón, hasta que una de las mujeres que estaba en el medio, logró despertar, y como por arte de magia comenzó a cantar con lo que un ateo hubiera juzgado como la voz de dios, olvidándose por completo de todo lo que la rodeaba, la mujer pronunciaba cada palabra después de sentir lo que esta le expresaba. Sus labios se movían al compás de un ritmo angelical que era inherente de su voz y así, rompió el hechizo: el lugar desapareció, la gente despertó y acompañaron con sus voces la canción que estaba a punto de terminar.

1 comentario:

  1. Jeje, chido el surrealismo saarcastico, no se si sea una critica a la sociedad.

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