sábado, junio 28

Temblor Gotaniano

Yo no lo sabía verdaderamente, cien años en el reloj me habían dado la capacidad robótica de empedrar el segundo con un fonema y lanzarme a la primera mujer con tacones en un pasillo vacío del consultorio del doctor Reneros.

Las oficinas de la provincia habían sido sembradas por cientos de dedos danceros que se revolcaban en las teclas de las máquinas de escribir, tanto azar y concierto me daban una ganas magnánimas de, como diría mi abuelo, tocarme los péndulos.

"4/4" me había dicho Liliana Moraes el día que le pregunté la acción de las fuerzas del planeta tierra en la sangre que corría por sus rodillas, Liliana gustaba de recogerla toda y diluirla en agua de limón.

Liliana Moraes pertenecía a una generación que murió hace tiempo, la de la maquinaria brutal. El poder de sus pistones era tan contundente que podía triturar ojos sin derramar una sola lágrima.

Liliana sabía que cien años en el reloj me habían enseñado a tener paciencia, a esperarla toda, a aceitar el más pequeño de sus engranes, pero el chirrido de sus pistones me hacía, como diría mi abuelo, acariciar mis manecillas.

Liliana se ha oxidado "muchos dirían que por el agua de limón con sangre de su matriz, pero yo sé que se oxidó por el calor "de aquella tarde de abril en que el desfile llegó a la ciudad.

El día que construyeron la Gran Barrera de los Mil Soles, Liliana revolucionó por la carretera nacional, oxidada y sin aliento se estrelló de lleno.

Liliana pertenecía a una generación que ha muerto, la de la máquina a revolución constante. Su destino era estamparse en los ladridos de Rocinante.

A Liliana la he desarmado toda. Cien años en el reloj me han enseñado a desconfiar de los que corren a velocidades distintas, la distancia indefinible sobre el tiempo infinito es una medida inexistente en este universo desalmado.

1 comentario:

  1. no entendí, pero me pareció que suena interesante y chido.. y esque siento que hay una explicación subyacente, pero no la encuentro..

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