lunes, mayo 12

Un día después del fin de la locura (y la venida de la madurez)

Nunca

Nunca veas a una puta de día
Es como ver a una monja budista
sirviendo café en el estarbocs



Transborde Chabacano

I
Como rebaño en la Pampa
caminaba gris y turbia
la muchedumbre

II
Le comía la piel
en la tarde de verano
su pequeña blusa

II.1
Ni escotada,
ni impúdica,
natural

III
Rompía con las rocas de sus pechos,
ni muy grandes, ni muy pequeños,
la gran ola de su espalda

IV
Volaba suavemente
la gaviota
de sus abismos
flotaba
en el aire
la redondez de sus ancas

VI
Su altura,
de la cabeza al cielo,
sus fosas apuntan

VII
Erectos y espurios
sus pezones oscuros
claman libertad
a esa tela que los atrapa

VIII
Pasa el vagón
y ella se disuelve

1 comentario:

  1. “Yo me sentía y me hallaba, con un pie puesto a la cultura y otro en la contracultura, tal como después sagazmente, diagnosticó John Brushwood cuando dijo que en mis libros había una poderosísima tensión y un equilibrio extraño entre “rebeldía y tradición” es decir, entre cultura y contracultura” (José Agustín, Mis viajes por la contracultura, 2006, p. 20)


    Yo digo lo mismo para Panda:
    Una mano en Huerta y otra en Paz jejejejejeje

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