lunes, abril 23

El amor, opera quinta, y otras drogas. (Quinta parte del Catálogo)

Narrador:

El amor, como palabra,

la más dulce y sabia de las prostitutas

el encanto febril de una era sin sentido

el desaire profundo de una generación sin pena

el amor, como concepto,

es como la mariposa muerta en la rosa

putrefacta y sin color,

marchitándose,

víctima del tirano astro

el amor como canción

mujer senil de amoríos interminables.

Diría el poeta que los amorosos son los que callan

los que callan la palabra amor,

los que la guardan como la recompensa inalcanzable

los que la usan para amar

los que no la desperdician ni la usan.

Lucifer: Deberías remitirme meramente a los hechos concretos de la historia, no lanzarte como orador mediocre y maleducado a recitar tus coplas. Míralos, de seguro ni siquiera leyeron los versos groseros.

Narrador: No es así, ve sus semblantes sonrientes.

Lucifer: ¿Sonrientes? La página se ve asediada por miradas que se desvían, desinteresadas, absurdas. ¿Por qué te ciegas a la realidad?

Narrador: Quizás tú tengas los ojos cerrados a mi alma.

(El sonido de la orquesta vibra en la oscuridad del escenario durante largo tiempo)

Lucifer: Quizás “ella” tenga las respuestas, sin caer en sentimentalismos baratos, ni en cursilerías falsas, ni en recetas ya usadas.

Narrador: La vida es una receta ya usada. Un aborto de creación.

(Observan a “ella” pasar por la acera)

Lucifer: Eres una sátira de persona, papel de arroz flotando en una vasija con agua hirviendo.

Narrador: ¡Basta!

Lucifer: Mírate, ¿serás acaso más malo e hipócrita con “él”?

Narrador: Seré lo que tenga que ser.

Lucifer: Quédate en tu agujero entonces, quédate ahí.

Narrador: Permanece aquí conmigo…

Lucifer: Me voy

Narrador: Me abandonas como todos

Lucifer: Te dejo como nadie…

(Crescendo y fin)

Narrador: Mirala, ni siquiera sé de ella, ella vive en un mundo que no conozco, nada en mares oscuros y profundos. No veo nada.

Lucifer: Y ni siquiera la ves pasar por el escenario o actuar una escena de romance.

Narrador: Y la oyes llorar, la ves desde tu ventana y no sabes... no sabes por qué, no te interesa, no sabes de ella y aún así la rabia te invade. Porque deseas ser tú la lágrima y la razón de ella.

Lucifer: ¿Es envidia?

Narrador: ¿Envidia?

Lucifer: De no ser el que la ha hecho llorar.

Narrador: De no ser el que la ha hecho sufrir.

(Aplausos y vítores, la obra ha terminado, la orquesta calla)

lunes, febrero 26

Gelatina

- Te digo que es el estrrresss
- Está bien, digamos es el estrrresss. Pero yo no creo que se hubieran accidentado sin que lo hubieran querido.
- ¿Acaso es necesario querer accidentarse para que suceda?
- No, pero creo que este joven en verdad lo quería

Así, con una conversación como inicio de la historia, el Sujeto 1 y el Sujeto 2 discutían. Se encontraban en una sala de espera de un hospital: tránquila pero inhóspita. Había dos o tres lámparas, cuatro sillas -dos de ellas ya ocupadas- y cuatro paredes con una textura de pimienta. Predominaba el color Amarillo Pera, el cual es el color que uno ve cuando entra a un cuarto de color Amarillo Pera, y tiene la sensación de ya haber soñado con él. Por su parte, los dos Sujetos vestían de traje negro, con corbatas de colores y olores neutros, y tenían cada uno en su haber una libreta y un bolígrafo de tinta azul congruentes con su elegancia.

- Lo que no entiendo es qué le diremos a sus compañeros alumnos. - dijo el Sujeto 1.
- Todavía no muere, podrá comunicarse con ellos.
- Pero ha perdido toda tecnología de comunicación, según nos dicen.
- Cierto. Como sea, no podemos donarle una computadora, hay que hacer lo menos posible por ese tipo de personas.
- Lo bueno es que ya no tiene familia a la que podamos dañar. Hay que decírselo directamente y sin rodeos: 'Te expulsaremos de La Institución porque tu nuevo aspecto no nos es útil ni agradable a la vista. Lo sentimos'
- A veces dudo un poco de nuestro pensamiento. Pero no, en verdad tenemos razón, hay que sacar a la gente que afecta la esteticidad del mundo del mundo. Es como cuando una pobre anciana pobre te pide 50 centavos para ayudarla, y mejor le das cinco pesos para que se vaya del lugar.
- Pues sí...

El Sujeto 2 entonces sacó del bolsillo interior de su saco un apestoso emparedado hecho por su esposa, y lo empezó a comer y disfrutar. El Sujeto 1 pensó que deberían prohibirse en el hospital los apestosos emparedados que algunas esposas preparan, 'ya que afectan el orden y la limpieza'. Mientras eso pensaba, de su bolsillo izquierdo frontal del pantalón sacó unos cigarrillos y empezó a fumar.
Por un Rato estuvieron los Sujetos disfrutando de lo que percibían sus sentidos. Cuando acabó ese Rato, llegó una señora o señorita de varios años de edad. Portaba una charola que imitaba a la madera, vestía un vestido café con figuras rojas, y tenía un frondoso cabello castaño y japonés.

- ¿No quieren un filete empanizado acompañado con limón y decorado con brócoli y frijol, señores?
- ¿Quién se cree usted, una aeromoza? - Replicó enojado el Sujeto 2 - Estamos en un hospital, mujer, y aquí no se da esa clase de servicio.
- Pero... - la mujer fue interrumpida por el Sujeto 1 así como siempre son interrumpidas las personas cuando son interrumpidas al empezar a decir una estructura lingüística empezada con el vocablo pero:
- No mujer, usted no merece estar aquí con nosotros: los Dueños, Directores y Jefes de La Institución. Mejor avísenos cuando podamos entrar a ver al joven, o a lo que queda de él.

La mujer se retiró mientras murmuraba que los Señores no merecían vivir porque le iban a quitar al joven lo poco que lo mantenía vivo: su estancia en La Institución. Cerró estruendosamente una puerta que los Sujetos no habían notado, y entonces notaron una puerta con un número dorado impreso, una puerta que habían notado tampoco. Se voltearon mutuamente a ver, y se limpiaron las manos y la boca -no mutuamente- con un pañuelo que obtuvieron de su cartera, la cual obtuvieron de la bolsa derecha trasera de su pantalón, el cual obtuvieron en una tienda de alto prestigio. Se pusieron de pie en verdad rápidamente, tan rápido como la muerte de un anciano que se muere. Caminaron a la puerta con el número dorado impreso, se taparon la boca con un tapabocas, y entraron.
Un grotesco espectáculo los esperaba detrás. Había dentro del pequeño cuarto, una cama metálica con sábanas que deberían ser blancas. Las paredes y todo el espacio dentro de la habitación estaban tapizados de manchas rojas de sangre y de manchas verdes y moradas de otros fluídos humanos. Era como asistir a una función de un Show de Luz y Sonido, con inesperados reflejos de colores y extraños ruidos generados por los burbujeos y la escurrición de los líquidos. De pronto, un grito horrísono sobresaltó a los Sujetos:

- ¡Estoy gritando horrísonamente! ¡Ustedes deben morir!

Los Sujetos voltearon sorprendidos para encontrarse con una horrible aberración humana - porque después de verla, podía hablarse de la existencia de bellas aberraciones humanas. Lo que antes había sido un no-deforme joven, ahora se levantaba frente a ellos como un ser con el cuerpo hinchado, cortadas sangrantes en las manos, y una cara con la descripción sin la dignidad necesaria para ser mencionada aquí. Portaba la sencilla ropa que un paciente internado de hospital porta, con la novedad de que tenía interesantes coloraciones causadas por los tintes naturales expulsados de su casi-sin-derecho-a-llamarse-cuerpo cuerpo. Después de unos momentos de conmoción, el Sujeto 2 habló:

- Nosotros no tenemos la culpa de lo que le pasó a tí y a tu familia. Sólo vamos a expulsarte de La Institucón para que no dañes las no-dañadas mentes de los que viven ahí. Mejor consíganse un psicólogo familiar para salir adelante
- Pero Sujeto 2, - interrumpió el Sujeto 1 - ¿no recuerdas? Su familia murió en el accidente...
- ¡Ustedes despreciaron a mi mamá! - Gritó el joven
- ¿Despreciamos a tu madre? - al unísono sorprendidos respondieron los sujetos
- ¡Sí, sí y sí!
- Pero tu madre está muerta... esa señora que nos ofreció de comer no era ella...
- ¡No, pero ahora mi mamá yace realmente muerta en el contenedor de basura orgánica! ¡Su último deseo era ser comida en forma de filete empanizado, acompañado con limón y decorado con brócoli y frijol! La despreciaron... ¡y tendrán que morir!

Con una sonora respiración el joven dio un paso en un esfuerzo aerobio. Muriéndose, dio otro paso, en un extenuante esfuerzo anaerobio. Sin poder controlar sus signos vitales, cayó muerto estruendosamente, enriqueciendo el espectáculo barroco de colores. Sin decir palabra, los hombres se miraron, y salieron del cuarto.

- Nada más se puede hacer, Sujeto 2
- Nada más se puede hacer, Sujeto 1.

Caminaron por un tiempo hacia la salida del hospital. Llegaron, era enorme. Ahí, descubrieron que se hayaban en una Carpa Gigante Voladora que volaba por un hermoso cielo estrellado en el bosque. Una hermosa voz robótica con un acento femeninísimo dijo entonces:

- Nos encontramos en una Carpa Gigante Voladora volando por un hermoso cielo estrellado en el bosque. Se les pide a los Sujetos que no se preocupen, ya que llegaremos sin complicaciones al Infierno. Se les avisa también, que no podrán recurrir a un Genio para pedirle tres deseos.
Ni dos.
Ni uno.-

Obertura Paradisíaca

Me encontraba yo observando el hermoso cuadro, que se pintaba como una ventana al paraíso. Entre dos paredes de tabique blanco, carcomidas ya por el tiempo y las lluvias, pintadas por los groseros intentos publicitarios se encontraba un pequeño cuadro que mostraba nuestro paraíso. El pasto verde terminaba donde el bosque se tragaba al cielo y lo destituía como amo y señor de la infinidad. Y ahí, en la calle empedrada que daba San Miguel, te vi. Quizás (y solo quizás) no físicamente, o quizás si. ¿Será tanta mi obsesión que de repente rompes mi realidad y apareces frente a mis ojos, con tus aires de musa perfecta, tú y tus ojos de universo abrumador y tu envolvente mirada, que reconfortaría Romeo en una noche de mayo? Una vaca se levantó de sus aposentos, terminando con aquella falaz ilusión que enervó mis sentidos durante unos hermosos instantes en que el mundo ya no existía, y de repente, como si Dios tomase de nuevo las aguas y las separara, surgió el universo alrededor de mí y el sol perforando mis ojos de nuevo, el aire tibio de una tarde de febrero que bajaba de los montes y penetraba en mi nariz.
Bajaba por el empedrado, saliendo imperceptiblemente desde la maleza, el arriero con su yunta, su sombrero blanco y su camisa percudida por el arduo laborar en aquellas tierras dóciles pero firmes. Se detuvo a mirar el cuadro, de igual manera quedó absorto por unos momentos, dijo una blasfemia y se fue, andante como una serenata de Mozart, discreto como el arrullo de una madre. El golpeteo de los bueyes, constante, moderado, andante quasi alegretto, y cada sonido como un perpetuo alarido a la conciencia humana y al despertar o al dormir, al dejarse llevar por un paraje tan común y ta olvidado al mismo tiempo.
Regresé a mi delirio sagaz, a observar la imagen que poco a poco se oscurecía ¿cuánto tiempo he estado aquí? me pregunte. ¿Un momento? No diré que una vida o muchos años, fue un momento sin más, una probada de felicidad, como una cucharadita de un manjar delicioso que ofusca los sentidos hasta hacerlos llegar al cielo. Esa que tanto anhelan los seres que todos los días hacen las mismas cosas, ven las mismas cosas, se mueren por las mismas cosas y se suicidad por las mismas cosas. Quise entrar al recinto mis pies avanzaban con serenidad, mi vista de nublaba, mi corazón, situado en la parte superior si estamos en un corte sagita, golpeaba con ira mi pecho. Las paredes quedaban atrás. Dos grandes perros llegaron, ladrando, retumbando en el silencio de muerte de la calle. Encendidas las luces de su cabeza, los dos canes negro se abalanzaron contra mí. Corrí y llegué al empedrado de nuevo. Los perros se regresaron. Una finca que tenía un paraíso dentro, la finca de los Montaño. ¿Que más que un pedazo de terreno? ¿Que más que una muestra de la supremacía burguesa del cacique? Nada, solo pasto y nada más. Ni musa, ni flor, ni vida, ni muerte. Solo cuatro paredes blancas. Cuatro. Envolviéndolo todo. Todo. Existe y no es más que una descripción banal de una exageración brutal, de sentidos falaces, de muertes consecutivas y espirituales, de anhelos fortuitos e irreales. Nada pasa, todo sigue. Dos canes que resguardan la finca de los Montaño, cual esfinges en el camino de Ulises. Pero sin el genio, sin la alabanza propia de los sabios. Quizás el arriero murió en el camino, quizás atropellado por un autobús o por una paro cardíaco, o simplemente sabía lo que todos saben. Las cosas existen, sin flores, sin hierbas, solo son y solo serán hasta el fin o lo que se parezca raramente a éste.

miércoles, febrero 14

Cuando me das vida y los bebés lloran

"
El que llora pierde.
aguanta, aguanta, aguanta.
No pierdas tu oportunidad
No te dejes intimidar.
Esto parece canción... Léase como se guste

¿Quién gana si todos tienen la misma confianza en sí
(mismos)?
Si yo creo que el único indicado soy yo,
él que él y el otro que él
(pero no el primer él).

Aguanta, aguanta, aguanta,
me suena a coro de canción.

¿Qué es preferible?
Un Darwinismo en el amor
(donde gana el mejor,
aunqe lo sea sólo para la chava)
O una tregua planeada,
nadie le llega,
nadie con ella anda,
para a sufrir no arriesgarse
y del sufro ajeno jactarse.

.Rimas sin adjetivo calificativo por parte del autor.

Pero, ya veo.
Entiendo.
Bendito papel con palabras.
Esperar lo mejor...
Con ellos no sería lo mejor
(aunque no habrá qué hacer si ella así lo elige).
Lo mejor será que me una a Ella.
Y que se una a mí.
El mundo entonces sonreirá al mundo
mucho mucho más que ahora
mucho mucho más que con cualquier otro.

Desciendo de Elendil,
soy el Rey,
soy el Mejor.

Habrán de entender los otros entonces,
que las clases sociales existen:
Realeza con Realeza va.
Y no deberán sufrir,
encontrarán al amor de su vida...
(y con más razón si el mundo le sonríe al mundo
mucho mucho más que ahora
mucho mucho más que con cualquier otro).

Esfuérzate si quieres.
No te lo impediré,
no me pondré celoso,
porque conozco la Verdad.
Solamente
te advierto que
Tu Esfuerzo Será Inútil.
Esta carrera ya la tengo ganada.

Después no llores de más, porque como puedes ver
me Aseguré de Informarte

MDSEV: Mis Dedos Sólo Escriben Verdad.
Disculpa(en) mi Genialidad, Chidez, y mi mal llamada
- por los débiles -
Arrogancia.

Sólo cabe decir
Here Comes the King.
"

domingo, febrero 11

un hombre machista

Desde que Maria Magdalena destruyó su bello rostro, con las lágrimas que apagaron su esperanza en la piedad: ni los árboles, la tierra, las flores, el estiércol, el cielo, recientemente el hormigón y el látex han sido testigos de mayor sufrimiento humano como del que en este momento fui testigo. Pues mi alma se fundió junto a la de la pobre mujer que a mi lado mezcló el verbo llorar con el de gritar. Por mucho más que un instante mi respiración se coordinó con la suya, y en un acto de profundo respeto y admiración por su desgracia, ore porque jamás volviese a ocurrir en este mundo o en cualquier otro, tragedia semejante a lo que fuese que hacía llorar a la mujer.
Cuando despertó, no lo podía creer, tenía lo que la gente llama un nudo en la garganta, pero le parecía completamente inverosímil que fuese capaz de orar por alguien más. Pues no era ni sería creyente, pero especialmente le aterraba la idea de sentir piedad por una mujer. Su madre murió antes que pudiera hablar, y a partir de ahí según la psicología, misma con la cual simpatizaba en demasía por su tendencia machista, tenía un gran resentimiento en contra de las mujeres. Según la sociedad es un machista promedio, él en cambio estaba seguro que las mujeres no son mucho más que un simio sexualmente atractivo con dotes de grandeza, como solía llamarlas. Por supuesto que estas ideas le traían problemas de toda índole: hacía unos años en la escuela, recientemente en el trabajo, la calle y hasta en el bar.
Con respecto a su infancia fue criado por su tío, del que aprendió a darse a respetar donde fuera, Nunca lo llevó a la escuela por miedo a que supiera que las golpizas a los hijos no eran normales, idea que al fundirse con lógica elemental, le permitiría deducir que tampoco en sobrinos eran correctas las palizas. Después, cuando cumplió 15 años, su tío murió, y tuvo que encontrar en qué gastar el dinero que había heredado, que aunque no fuera mucho, bien podría vivir unos 10 años sin mover un solo dedo para trabajar. Aún así, decidió gastarlo, y fue la escuela el lugar donde según el, el dinero se iba a ir más rápido junto con su vida, hasta que estuviera en edad de trabajar, y entonces si sufrirle a la vida. Por su puesto que la escuela a donde se inscribió, era una de puros hombres, donde su desprecio por las mujeres comenzó a crecer a raíz una violación que sufrió, de nada más y nada menos que su directora. Los detalles convertirían a esta narración en algo grotesco, así que he decidido omitirlos, para seguir contando lo trágica de su vida escolar, pues cuando sus compañeros se masturbaban pensando en mujeres, el tenía que cambiar esa parte de la adolescencia por flagelarse. Pero no crean que lo hacía con un sentido de castigo como los antiguos, sino tan sólo por el excitante hecho de sentir la sangre que corría por su cuerpo. Por su puesto que nunca tuvo novia, ni siquiera pretendientes, pues a las escasas niñas que conoció, las ahuyentaba con gestos endemoniados totalmente antagónicos al entonces común coqueteo. Para su suerte vivió en una época en que difícilmente una mujer se le acercaría a un hombre, y si el “macho” no tomaba la iniciativa jamás la mujer lo haría; claro que hablar de cosas como bailar raegaetton es más bien inverosímil, al igual que la homosexualidad. Esta última para quienes poco sepan de nuestro personaje, paresia la solución a sus problemas, aunque la verdad es que si se hubiera permitido en aquel tiempo, el comportamiento gay le habría parecido muy femenino hasta en sus más conservadores (si se permite la palabra) y refinados ejemplos. Así sobrevivió en su escuela, con altas y bajas, aunque siempre ignorado por la atención pública.
Cuando su dinero, por eso del doctorado en derecho, se le hubo acabado, renunció de tajo al estudio y encontró un aceptable puesto en alguno de tantos bufetes de la metrópoli. Ganaba lo que diez obreros en un año, tan sólo por atender los escasos juicios que de vez en cuando le llegaban. Con el dinero se compro una casa, dos autos, uno de ellos más grande que el otro para poder salir con su perro, porque el género de una camioneta cualquiera que fuese, le causaba conflictos. Su mascota era un perro por sobre todas las cosas feo, con cara de monstruo de ciencia ficción y cuerpo de luchador, mismo al cual amaba y le entregaba el poco cariño que tenía por alguien más. Uno de tantos días se canso del lugar, y aunque dejo sus pertenencias, parecía que por su mente no estaba el volver. La actitud fue notoria, aunque la verdad es que poco les importaba al resto, quienes decían de todo sobre el machista, y no era de extrañarse que su actitud sembrara chismes y habladas. Entre ellas se encuentra una recordada con angustia, pues un día expulsó de su despacho a una despampánate mujer, con el cabello hecho una obra de arte, negro como la profundidad del espacio. Sus ojos eran poco más claros, casi cruzando la línea del café, bellos los dos por supuesto, aunque a juicio de expertos, su mirada era aún más hermosa que sus ojos. Su piel era más suave que las nubes y fresca como un amanecer en el paraíso. Pero por supuesto que todo esto no fue atendido por el barullo de compañeros, pues su cuerpo, dígase sus nalgas perfectas y sus pechos redondos es lo único que llamó la atención y después decepción, cuando a palabras del vulgarmente conocido como machista, se enteraron que buscaba trabajo como secretaria, y así como entró al despacho, por el mismo camino se retiró bajo la amenaza de “no vuelva por aquí, nadie está interesado en usted”.
Pero ninguna crítica le importaba, porque sabía que sus objetivos, aunque no eran concretos, para el siempre fueron muy claros, el desprecio por la mujer a toda costa. Cuando caminaba por la calle o transitaba con alguno de sus automóviles, jamás le cedía el paso a una dama (este último término lo odiaba con todo el fervor de su corazón pues le parecía respetuoso). Ni siquiera era amable por obedecer lo que su sociedad le exigía, que era un poco de respeto a las mujeres (entiéndase el “un poco” como “muy poco”). De hecho cada en cuando el mismo se encargaba de hacer un derecho fundamental en la sociedad occidental para las mujeres como es el libre tránsito, toda una pesadilla en forma de odisea. Le aventaba el coche a las conductoras, les pitaba sin razón (basándonos en que haya algún pitido racional en las calles). Cuando era de noche, y alcanzaba a distinguir una mujer conduciendo, encendía las luces altas para desubicarlas. Pero lo más penoso (hablando de pena ajena) era cuando veía un choque en el que alguna mujer formaba parte, irremediablemente hacía notar en los implicados una sonrisa en su rostro, acompañado de una sarta de groserías y frases como “las viejas no pueden manejar” o “por eso dios las expulsó del paraíso”. Y aunque algunas veces generaban un poco de risas entre otros que como el pensaban, lo más común era que las mujeres le contestaran tan alto y grosero como les fuera posible. Por su puesto que las mujeres no ponían mucho de su parte, pues no dejaban de maquillarse, peinarse o depilarse mientras manejaban. En la escasa ocasión de que fuera caminado por la calle, por supuesto que evitaba todo contacto visual con las mujeres, y aquellas pocas que al verlo sentían un poco de atracción, porque además era guapo, inmediatamente le perdían la huella al ver como se alejaba tan rápido como le fuera posible de cualquier lugar donde estuviera cerca de mujeres. Caminaba rápido y ansioso, como a quien la prisa lo va persiguiendo. Y está vez no era una excepción, pues después de dejar el despacho, impetuosamente se dirigió al garaje donde guardaba su auto, se subió a el y recorrió la ciudad hasta sus suburbios.
Como ya vimos, poco era el tiempo que pasaba en la calle, pues a los únicos lugares donde tenía que ir era al trabajo y a su casa, pero esta vez, decidió ir a un bar del cual mucho le habían platicado. De este tipo de crisis, el machista ya sabía mucho, y estaba seguro que se debían a su soledad, tomaban lugar de vez en cuando, pero siempre se controlaban con un buen sueño y descanso. Pero tal vez su cuerpo ya había hecho resistencia al medicamento, y estaba seguro que ningún sueño lo iba a ayudar entonces. Decidió como ya saben escapar de la rutina, y cuando entró al bar se creyó observado, aunque la verdad es que sólo en una mesa notaron su presencia. Se dirigió a la barra como en la televisión había visto que se entra a los bares y pidió, a palabras suyas “lo que fuese”. El cantinero no sintió ni por lo menos ofuscación, pues reacciones así conocía al por mayor gracias a su oficio, así que sin decir alguna palabra le sirvió “lo que fuese”. Así tomo el primer trago, intentado no voltear a ningún lado, y concentrarse en su egocéntrica existencia, después de ese trago vino otro, mismo en el que decidió detenerse por miedo a sentirse “borracho”. Y cuando parecía que en aquella visita no iba a pasar absolutamente nada, y tan sólo sería una copia de su vida extrapolada a un bar, un hombre lleno de canas en la barba, el bigote y la cabeza se sentó junto a él y le dijo “hola soy tu padre” con la mirada. El machista, después de entender a la perfección el mensaje que le acababan de transmitir, prestó un poco más de atención que la usual a cualquier persona en su padre y espero que le dijera algo más. Por su parte, el padre de aquel machista al ver que su hijo estaba conectado al mismo canal, decidió continuar, pero esta vez con las palabras:
Padre- Me da gusto que me hayas entendido, pero sobre todo que por fin estés aquí. La finalidad de esto último es que conozcas un poco más sobre tu pasado, sobre mi, pero sobre todo de tu madre.
Hijo machista- Lo siento, pero no estoy dispuesto a querer saber nada sobre mi historia, sobre ti, y mucho menos sobre mi madre. Se prepara para levantarse y huir.
Padre- Lo detiene con la mirada. Supuse que esta sería tu reacción, por eso es que he traído esto… Saca una pistola y su hijo se paraliza. Espero no te moleste, ahora, tu madre era una gran mujer, con toda una vida por delante, pues fue educada para sobresalir en el mundo y cambiar muchas cosas, desgraciadamente, se topó conmigo, un hombre que a decir verdad le arruiné la vida, a pesar que ambos nos amábamos como sólo el mundo entero ama a Dios. Y digo le arruine la vida, por algo muy simple, y que fácilmente un hombre de tu edad puede entender, porque la embaracé. Yo por mi parte llevó toda mi vida en este bar, algunos bromistas dicen que nací aquí, y la verdad es que he comenzado a creerles, pues no me recuerdo fuera de estas paredes alcoholizadas de recuerdos. Pero lo más importante, no soy, yo, sino por el contrario tu pasado, que en buena medida es tu madre. Saca una fotografía. Ella es tu madre…
El machista se da cuenta que es la misma mujer que en su sueño vio llorar a cantaros, y por la que recuerda haber sentido piedad. En el instante palidece, y busca una explicación en los ojos de su padre, quién inmediatamente apaga cualquier pedazo de duda que le quedara al machista respecto a la identidad de la mujer de sus sueños.
Padre- Si hijo, tu ya conocías a la mujer que fue tu madre, y a quien le debes la vida. Pues ella decidió arruinar su prometedor futuro en el mundo de los negocios por cuidar de ti y de mí, y poder formar una familia. Desgraciadamente no pudo ser así, y tu madre murió días después de tu nacimiento, pues al nacer tú, encontraron una enfermedad en su cuerpo que inevitablemente la mataría.
Hijo machista- ¿Entonces la imagen que tengo de ella llorando, es cuando se enteró de aquella enfermedad misteriosa?
Padre- En realidad no, aquella imagen en la que llora como María Magdalena es precisamente el día de la anunciación de tu nacimiento.
FIN

sábado, enero 27

Hola, gracias por hacerme parte de esto

Hola a todos, ya soy parte de este blog y se agradece. Como he podido observar, lo que mas se publica son textos y/o fragmentos de novelas creadas por un Cepano, me agrada la idea ya que podré dar a conocer algunos textos guardados bajo llave hace ya mucho tiempo.

Gracias a Sejo que me ha invitado

Atte Fernando CEPAN 2

lunes, enero 8

Sangre de Ángel II

Léase Sangre de Ángel I

Bajó por última vez, y por primera. Había decidido algo, Lucifer repartiría el mensaje de su padre por el mundo, predicando por la paz y la armonía.
Bajó a la tierra y vio muerte, vio hambre y desesperación, vio opulencia y maldad. Pero la vió a ella, con un vestido rojo caminado dulcemente por el florido malecón. Parecía flotar, y sus cabellos negros jugaban y amaban al viento y a la brisa. Su tez blanca y clara se movía con gracia por el espacio. Fue allí donde sintió por primera vez al amor.
Bajó despacio junto a la dama, la observó detenidamente, se dió la vuelta y emprendió el vuelo hacia ninguna parte. Se le oyó decir una blasfemia y uno que otro insulto al narrador, al parecer él había roto su acuerdo entre caballeros. El narrador le había prometido no hacerlo partícipe en historias que llevasen cierta palabra que no volvió a escribir en un tiempo.

Sangre de Ángel

El término proviene del latín lux (‘luz’) + fero (‘llevar’) ‘portador de luz’. (Wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/Lucifer)

El Portador de Luz, legítimo Hijo de Dios, se cortó las alas con su propia espada, derramando su propia sangre, bajó de los cielos y emprendió su camino a la montaña, en donde encontraría paz y verdad, en donde su padre solo fuera una habladuría o una sombra ya casi inexistente. Tardó mucho días, al haberse cortado las alas, el mundo ya no era tan hermoso, ni tan fácil, era un duro andar por cerros y montañas, por ríos y por bosques. Por fin llegó, poco a poco fue subiendo, y con un esfuerzo sobrehumano, aunque él no lo era, llegó a la cima. No era alguno de los montes del Himalaya, solo una simple montaña nevada, cuya importancia no radicaba en su altura o magnitud, sino en la fuerza espiritual que emanaba. Lucifer se sentó y descansó, vio el pasto que parecía deslizárse colina abajo, acariciando a la montaña y jugando con el viento.
Se levantó y gritó, causando un estruendo que se oyó en todos los rincones del mundo, o por lo menos en ese universo creado por algún ocioso en una noche sin luna.

Lucifer: Ya no quiero que me pongas en historias que conlleven la palabra "amor", ni siquiera quiero leerla o escucharla, ni una sola mención o reminiscencia de aquél vocablo profundo y brutal que mueve a simios primitivos como ustedes.

Narrador: Quiero recordarte que esta es mi historia, yo soy tu Dios en estos momentos y puedo hacer lo que se me de la gana.

Lucifer: No lo creo, por que yo represento lo que tu buscas, lo que tu quieres y lo que tu amas. Y en este momento tu búsqueda culmina, por lo menos el día de hoy, en la eliminación total y radical del amor hacia un ente o individuo humano o no.

Narrador: ¿Ahora mi personaje me dice que debo y que no debo sentir o pensar? ¡Yo te creé de ciertos pedazos de información dispersa e inventada, yo te dí forma, yo te hice una realidad.

Lucifer: Hablas como mi padre, bueno, el padre que me haz impuesto, tu interpretación de algo que tal ves no entiendes. Te crees el amo del mundo, el creador que es capaz de movernos a su antojo, sin necesidad de seguir ordenes o reglas de una "realidad" perceptible o no.

Narrador: Basta ya, que cuando yo deje de presionar las letras que juntas y acomodadas, junto con la ayuda de algún otro te dan vida, morirás irremediablemente.

Lucifer: Bien, eso te dará tiempo para pensar en que ya no debes escribir la palabra "amor", por que en realidad, en estos momentos ya no crees en ella o en su contexto, o en su interpretación o en sus relaciones con otros seres.

Narrador: Bien, tienes razón, aunque eso a ti no te incumbe.

Lucifer: Bien, pero me negaré a seguir participando en cualquier texto que lleve la palabra "amor" en él.

Narrador: Dispensará querido lector que no concluya la historia, ya que de repente mis personajes quieren creerse dioses pensantes, jamás los podé abandonar en este abismo sin fin, y menos a alguien como Lucy que siempre tiene algo que decir. Sólo algo que decir, solo un juego llano de las palabras y de los vocablos, que no son sino manchitas en un espacio blanco y que poco a poco, y con su ayuda se convierten en un mundo nuevo, si es interesante o no lo dejo a su consideración y /o conciencia.

Entonces el narrador analizó la destrucción de su cielo marrón, en donde los demás ángeles derraman miel en sus paredes, y de los verdes olivos naciendo en las nubes de facetas multicolores, para convertirse en un llano árido y seco, lleno de podredumbre y de desolación. Y comprendió lo que Lucifer le dijo.
El narrador bajó de su espacio jerárquicamente dado como creador, para bajar a la montaña con Lucifer, en donde gritó, de manera que cada rincón de este mundo retumbase:
¡Muera el amor, y todo lo que conlleva. No escribiré más sobre el amor, ni sobre sus obras en aquel mundo incierto e impredecible!

miércoles, enero 3

Proyecto de Francés de Brenda, Leyte, Poncho y Sejo


mmm, hasta ahorita se me ocurrió poner esto aquí, ya que esto es un lugar "artístico", jejej.. espero les guste (quien no lo haya visto), y qe lo recuerden (quien ya lo haya hecho)

Saludos

Errores

Lucifer: (Con una angustia invadiendo su ser) Padre, he pecado, te he fallado y no he podido concretar tu misión. ¡Oh! Santo Padre merezco la muerte, merezco que mil ángeles lancen flechas ardiendo en mi cuero para luego tirarlo en un pozo que no tenga fin.

Dios: ¿Tan grave es tu falta hijo mío? ¿Que mal haz hecho?

Lucifer: Bien lo sabes padre. No actué a tiempo, no logre convencer ni repartir tu "amor" a la gente. No logré abrir sus mentes. Y aún así, creen que están salvados.

Dios: Pero, ¿Cómo dices eso? ¿Por que afirmas que están salvados?

Lucifer: Hubo un hombre bueno, pero osado, atrevido, revolucionario. Dijo ser el hijo de Dios, quiso usurpar mi lugar en tu cielo. Pero supongo que así los creaste, para que creyeran en lo que ellos quisieran sin importar que descabellado fuese. Ese hombre les ofreció una vida aquí contigo si renunciaban a su derecho por nacimiento de reproducirse, si se le daban la espalda a quién no fuera digo a su consideración y amar a todos como se ama un hermano a otro. Bien te lo había dicho padre, cuando dijeron que nacieron con un pecado original. ¡La ofensa Padre! ¡Que algo perfecto, creado por ti fuera malo por nacimiento! ¡Y que tu fueras como ellos y guardaras recores y odios!

Dios: Dime Lucifer ¿qué le harán a ese hombre?

Lucifer: Lo que hacen tus primitivos seres, hacerlo sufrir y luego clavarlo en dos palos.

Homenaje a Bertolt Brecht (Apéndice A a Justino)

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.
Bertolt Brecht

Basado en una anécdota de una de la obras de Bertolt (prescindiendo del detalle fidedigno de la obra, de su trama o de su emotividad)...


Se encuentran en el teatro el tercer hijo de Justino, un rico terrateniente de nombre Matín y de cuyo padre solo sabe el nombre, acompañado de una hermosa dama de rubios cabellos de nombre Minerva. Ha empezado el tercer y último acto y ambos se encuentran en las primeras butacas.

(Minerva y Martín se encuentran con los ojos llenos de lágrimas)

Minerva
: No puede ser, pobre mujer con tres hijos y sin nada que comer, apunto de morir en un inhóspito paraje.

Martín
: Es increíble que haya historias tan dramáticas y tristes.

(Minerva se levanta y con un grito ensordecedor brama enérgica al actor)

Minerva
: ¡Pare ya de hacerme sentir mal! ¡Pare ya de hacerme llorar mares y ensuciar mis enceres! ¡Ya no soporto el sufrimiento que usted me muestra aquí!

Martín: Calma Minerva, estás incomodando al público.

(El público se encuentra en silencio anonadado también por el sufrimiento en la escena y aturdido por los gritos de la mujer. El actor toma lentamente una posición erguida y con un gesto amable comienza a hablar.)

Actor: Señora mía esto es una obra de teatro no llore ni se emocione, que usted saldrá esta noche por las grandes puertas de roble, subirá a su carruaje tirado por caballos blancos, le pedirá a alguna de sus sirvientas que la desnude y cubra sus carnes con su camisón amplio y delgado para que usted pueda dormitar apaciblemente, esperando al día siguiente ir a jugar canasta. El sufrimiento está allá afuera señora, allá donde los mendigos claman por piedad y decencia humana. En la fábricas donde explotan a los niños, donde los hombres trabajan sin parar para una sociedad que los aborrece. Imagine, solo imagine el sufrimiento y el dolor.

(La obra continuó sin reparos, y minerva fue a su casa, salió esa noche por las grandes puertas de roble, subió a su carruaje tirado por dos caballos blancos, le pidió a una de sus sirvientas que la desnudara y que después cubriera sus carnes con un camisón amplio y delgado para que ella pudiese dormir apaciblemente, tenía que dormir temprano, a la mañana siguiente tomaría té y galletas con la señora Wellington mientras jugaban canasta.)

Minerva: (A la señora Wellington) Actorcillos de mierda, son groseros y vulgares, no merecen ni que los vayamos a ver.