Y porque las ideas corren, cómo mil conejos en celo encerrados en una jaula paupérrima. Lo que puede ser una grotesca regresión infantil se puede convertir en la más hermosa de las mulatas de la bahía, o el simple hecho de usar una ceja porque me gustan las cejas, hay quién dirá que soy cejosexual (nótese cejo y no Sejo), únicamente porque quiero usar una ceja en una escena fabricada, falsa, en un ambiente de capital, de falsedad, pero con aires libertadores que nos permiten saber que del otro lado de la puerta existen cielos dorados por la pintura derramada de la sangre de ángeles decapitados. Como cuándo Afrodita hizo feliz al escultor asiduo a velar y construir pecadoras formas, blasfémicas obras.