– Aunque me maten al otro lado de la avenida, aunque tiren mi cuerpo al canal, no me quiero morir acá dentro – me dijo llorando Genaro, de 58 años, 7 de ellos en prisión. Está sentenciado a 15 años por un crimen que dice no haber cometido. –Nunca mantuve a mis hijos, a ninguno de los nueve – remataba.
Decía no haber robado esa casa, decía no haber amordazado al dueño, decía que su único crímen era estar piedroso, haber olvidado su expediente de primodelincuente y la constancia de los años que habí compurgado en el penal de Barrientos. Me pedía ayuda, pero yo no podía dársela.
¿A quién creerle?, ¿a su sentencia?, ¿al sistema de administración de justicia de este país sin madre?
– Al chile yo sí robaba, lo que es. Parejitas pinches peseras. – me decía Joaquín de 26 años mientras hacía como que apretaba algo en su pecho –. Por eso acepto mi culpa y me pongo los huevos colgados. Tienes que traerlos aquí. Si los dejas afuera, valiste verga. Nomás no te pases, porque si te los descuelgas, te chingaste toda tu cárcel. Por eso allá dentro – señaló las celdas de castigo –, hay leones, panteras y un chingo de tigrillos.
– ¿Cómo son los custodios? –, le pregunté a Pedro. Él se rió y no me respondió.
En la palapa del patio central, donde entrevistábamos, hacía un frío canijo. Me temblaban los dientes, me dolían las manos. Los entrevistados no se inmutaban, parecía que el frío era la menor de sus preocupaciones. Los custodios pasaban de vez en cuando, parecía no inmutarles que la cantidad de internos pronto nos rebasaría en proporción de dos a uno.
Diferencia, siempre diferencia. A la entrada del CERESO hay un cartel:
– ¿Qué has aprendido en la cárcel?
– Paciencia. Mucha paciencia. Aprendes a tolerar al otro, si está mugroso, si le huelen los pies, si le huele la boca, si es culero.
Pura diferencia, una diferencia en donde yo era intruso.
Ese día en el Neza-Bordo me dieron unas ganas incontrolables de llorar. De regreso a mi casa, en la estación Tepalcates del metrobús, me detuve en un puesto de música y libros cristianos.
– No lo tengo ahorita, pero busque la biblia "Libre entre las rejas" –. Me dijo cuando le pregunté qué le pedían los familiares de gente en la cárcel.
No lo he encontrado y no he querido seguir buscando.
[Ninguno de los nombre en este escrito es real. De hecho, el autor no tenía acceso a la identidad de los encuestados]
